Decálogo para surfistas de Jabi Iraizoz y Surfrider Fundation
Nos desplazamos hasta Donostia para asistir a la presentación del decálogo para surfistas. Para ello hablamos con su autor, Jabi Iraizoz, y con el apoyo de la Surfrider Fundation. Un decálogo que pretende hacer el día a día de los surfistas más respetuoso con el medio natural.
Maria Ballesteros, responsable de educación y voluntariado en Surfrider España
¿Cómo surge esta iniciativa?
Esta iniciativa surge cuando Jabi se pone en contacto con nosotros y nos comenta la idea que tiene de hacer un decálogo para surfistas. Nos pareció una magnífica idea porque él es surfista. Que una idea para surfistas nazca de un surfista nos indicó que algo iba a ir bien. Luego estuvimos hablando sobre las ideas que tenia. Viendo si las íbamos a hacer muy generales o más específicas, y que fueran fáciles de hacer. Lo que nosotros hacemos desde la organización es intentar cambiar de hábitos y hacer algo positivo. Para eso siempre vamos a necesitar que sea fácil de hacer, que sea divertido y que no cueste mucho hacerlo.
¿Cómo surge la idea de hacer el decálogo? ¿Con qué intención?
La intención de este decálogo es hacer que la gente reflexione, piense, debata y que tenga un punto de partida global de lo que tiene que ver con un surfista en su día a día. Es un trabajo de introspección relacionado con el surf y con nuestros hábitos cotidianos.
Somos los primeros que podemos detectar si el agua está contaminada o si hay algún tipo de vertido o cualquier tipo de amenaza de este tipo. Hay un dicho que dice “comprar como rico, cuidar como pobre”. Trasladándolo al surf, si compramos tablas de surf más resistentes todo el tiempo que esa tabla esté en nuestro poder va a estar dejando de contaminar el medio. También estamos viendo progresos importantes en materiales para sustituir al neopreno, que también nos sirve.
¿Puedes nombrarnos y explicarnos algunos puntos del decálogo?
El tercer punto es utilizar una botella para el agua reutilizable, que podamos rellenar. Esta que tengo aquí tiene ya cuatro años y no recuerdo cuando utilicé por última vez una botella de plástico. El precio que tiene un metro cúbico de agua es de unos 50 céntimos en casa, pero pagamos por una botellita pequeña más de un euro. Entonces nos sale a una barbaridad, si lo pensamos bien.
También sabemos que los vuelos low cost, que son una gran tentación para movernos rápidamente cuando tenemos unos días libre, son una de las fuentes más contaminantes del planeta. Así que si planeamos otras vías alternativas de transporte mejor, o si tenemos que hacerlo en avión que sea para estar mínimo 15 días en el destino. Ya que si viajamos de una manera más pausada y relajada, vamos a conocer mucho mejor a las personas y de esa manera, cada vez que vamos a países en vías de desarrollo, podemos contemplar y observar sus problemáticas y animarnos a colaborar en la que más conecte con nosotros.
Por otra parte, los coches eléctricos empiezan a entrar pero todavía es muy difícil el repostaje. Son vehículos caros, así que vivimos con la contradicción de movernos con coche que emiten CO2 pero si los compartimos con varias personas, reducimos nuestra huella también ahí.
Comer pescado de artes de pesca sostenibles es un punto bastante importante. Sobre todo en lo que concierne a la pesca de arrastre y de fondo. Después, las especies que se pescan, que no estaban siendo buscadas, se vuelven a tirar muertas por la borda, y arrasamos con corales, con algas y con todo el ecosistema del fondo marino. En cuanto a las piscifactorías, sabemos también que crean un gran impacto en el medio ambiente. Porque para conseguir 100 g de una especie en concreto tenemos que conseguir 1 Kg al menos de otras especies para alimentar esa en concreto.
Es un proceso de años, de ir dándote cuenta de cosas y haciéndote consciente en tu día a día. Vivimos con contradicciones, pero si tenemos una voluntad real de ir mejorando en la huella que vamos dejando en nuestra vida a nivel medioambiental, vemos que hay muchas cosas que podemos ir corrigiendo y mejorando.
Tony Butt, oceanógrafo, surfista y activista
Nací en Inglaterra pero ahora vivo en Asturias. Soy surfista, me gustan las olas grandes. Me gusta también trabajar en temas de medio ambiente. Llevo más de 40 años haciendo surf y más de 25 surfeando olas grandes. Lo que antes se llamaba olas grandes hoy en día no son olas grandes. Olas de cinco metros en las que tú tienes que investigar cómo entrar y salir.
¿Qué opinas de las motos de agua?
La moto de agua es un invento buenísimo. Para rescatar a una persona en el mar no hay nada mejor. Puede llegar a sitios recónditos, abrirse paso entre la espuma y entrar en olas de cinco metros sin problema. Yo creo que es un buen invento, una buena herramienta, pero se usa mal. El CO2 que emite una moto de agua no es mucho si lo comparamos con el de los coches que hay en la carretera. Pero es mucha contaminación local. Yo no puedo estar en el agua, disfrutando del mar si hay 15 motos circulando por ahí. Hay que dar un paso atrás. Surfear olas más pequeñas, disfrutarlas y tener la moto pero en el puerto, apartada.
María Ballesteros, ¿fomentar un código de buenas prácticas es importante para Surfrider?
Nosotros pensamos que fomentar buenas prácticas en la comunidad del surf es muy importante. Siempre intentamos trabajar con todo el mundo. Decimos que trabajamos desde el suelo, desde el terreno con voluntarios, hasta niveles de administraciones y legales. Queremos llegar a cuanta más gente mejor. En Surfrider esto nos toca mucho porque es una organización que nació de surfistas, por cuestiones de calidad del agua se juntaron un grupo de personas y de ahí nace Surfrider. Entonces, que Jabi viniese a nosotros como surfista, implicado en este tema de sostenibilidad y queriendo hacer algo con la comunidad, nos pareció muy importante y fue algo que quisimos apoyar.

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